Tuesday, 28 July 2015

UN HÉROE INVISIBLE

En el año 2010 Elena y yo sufrimos un accidente en Marruecos mientras pedaleábamos en bicicleta rumbo a Senegal. Sueños y esperanzas yacían esparcidos junto a la arena del desierto de Midelt. Súbitamente, como el sobresalto al despertar de una pesadilla, me vi postrado en una cama de un hospital madrileño con varias fracturas en tibia, peroné, rodilla y codo. En aquella abatida y desazonada habitación conocí a Youssouf, que con su febril mirada y desnudez espiritual me reveló la historia de cómo vive un héroe.

Youssouf es de Costa de Marfil. Fue mi compañero de habitación mientras ahogábamos temores al entrar en quirófano. Para mucha gente Youssouf no es más que un inmigrante ilegal que ha cruzado el estrecho con el propósito de aprovecharse de los servicios sanitarios que brinda el estado español y curar su grave lesión de cadera. Para muchos no es más que un ciudadano de segunda clase que resta oportunidades a las quejosas clases trabajadoras españolas.

Sin embargo, para interpretar la historia de Youssouf es necesario conversar con él. Incluso los que se autoproclaman tolerantes y comprensivos con los inmigrantes les cuesta franquear la barrera de la comunicación, quedándose precisamente ahí, en la profunda trinchera que sólo permite formular juicios de valor. Así nunca podremos advertir que Youssouf llegó en 2007 a Barcelona de manera ilegal en un carguero pesquero procedente de África. Las mafias le gestionaron todos los trámites por el módico precio de 3000 euros. Su objetivo, con tan solo 22 años y 100 euros en el bolsillo, no era diferente al que desearíamos para nosotros mismos: mejorar su calidad de vida. Para ello, Youssouf necesitaba una operación de cadera como consecuencia de una herida de bala que recibió en la guerra civil que atravesó su país.

A partir de 1999 Costa de Marfil, un país olvidado para occidente, como otro cualquiera de África, sufrió numerosas disputas de carácter étnico. El sur del país, de mayoría cristiana, ha jugado la carta del nacionalismo y la reducción de derechos de las poblaciones del norte y el oeste, clases trabajadoras mayoritariamente musulmanas provenientes de Burkina, Malí, y Guinea. Hasta la fecha - mediados de 2010 -, miles de personas han salido por las fronteras terrestres, principalmente hacia Liberia y Ghana. Todo ello mientras se ha multiplicado el número de actos de violencia en el sur del país contra ciudadanos que no responden a la descripción de un “Marfileño del Sur”.

Youssouf perdió a su padre en la guerra. Su hermano lucha con los rebeldes en el norte del país. Ha perdido el rastro de su madre y de su hermana pequeña que, probablemente se encuentren refugiadas en algún país vecino como Burkina, Ghana o Senegal. Por consiguiente, la imposibilidad de contactar con ellos embarga de incertidumbre el día a día de Youssouf, que postrado en una cama, no puede hacer otra cosa que depender de su recuperación. Youssouf domina cinco idiomas, lo que le ha permitido trabajar como integrador social en el hospital Ramón y Cajal así como interlocutor-traductor para la policía Nacional en Madrid. Sin embargo, a pesar de su integración y contribución a la sociedad, Youssouf sigue recibiendo un rechazo cargado de tintes racistas.

Youssouf es un héroe invisible denostado por muchos de esta sociedad. Un ser humano con la necesidad de dejar atrás sus raíces, su familia y sus sueños en busca de un futuro que vislumbraba incierto y desalentador. Desconozco si Youssouf tenía otra oportunidad, pero también me pregunto qué habríamos hecho nosotros en su lugar. Si hubiésemos sido capaces de hacer una apuesta tan arriesgada e imprecisa. Youssouf debería saber que la gran mayoría de la gente que le cuestiona y amonesta son personas que en su mayoría no han arriesgado nada en la vida. Individuos que, obligados por los dictados interesados de la sociedad, no tienen el valor ni la dignidad de cambiar un aspecto de su vida, un espacio dirigido e impuesto por el status quo actual. Asustadizos frustrados donde todo se lo han dado hecho, como el compás de una batuta que respeta los tiempos de un concierto: educación, amigos, estudios, caprichos, etc. Todo ello abrigados por el amor y la protección de la familia y de un estado que brinda prebendas a los que respetan las leyes de la opulencia y el dinero. Youssouf no sabe que muchos de los que critican tienen profesión, carrera universitaria y vivienda gracias al esfuerzo económico y el apoyo de sus padres, verdaderos artífices de la estabilidad de muchos de los xenófobos que furtivamente inundan las calles de este país. Intolerantes que van por la vida con una Visa entre los dientes, donde muchos gozan vivienda y suntuosos lujos gracias al oportunismo y la falta de valores: como la especulación inmobiliaria, circunstancia de los que se han aprovechado muchos y que ahora silencian inicuamente dentro de sus chalets atestados de artículos de lujo que no hacen más que apuntalar su frustración.

Muchos de los que se sienten incómodos con Youssouf deberían hacer una retrospectiva de su trayectoria y evaluar coherentemente sus éxitos para discernir que les separa de ser como un marfileño que ha tomado las riendas de su vida para cambiar su futuro.

Abril de 2010

Raymon www.otravidaesposible.org.